LA NOVELA HISPANOAMERICANA DEL SIGLO XX

1. Introducción.
2. La novela anterior a 1940:
• novela telúrica.
• novela indigenista.
• novela de la revolución mejicana.
3. La superación del realismo ( décadas 40 y 50)

• Características.
• Algunos autores y obras.
4. El Boom de la novela hispanoamericana (década del 60)

• Definición y causas del boom.
• Características.
• Algunos autores y obras.
5. Gabriel García Márquez : Cien años de Soledad y Crónica de una muerte anunciada.

6. La narrativa hispanoamericana partir de los 70.




1. Introducción

Respecto a la poesía, la novela muestra cierto retraso, puesto que cuando ya el Modernismo había renovado profundamente la expresión poética, la narrativa seguía por cauces heredados del siglo XIX.
Pero cuando se produzca su eclosión, a mediados del XX, revestirá tal fuerza creadora que la situará en la primera línea de la narrativa mundial.

2. La novela anterior a 1940.

El realismo narrativo de los primeros decenios del siglo XX puede presentar rasgos de tipo naturalista y resabios de lenguaje romántico. Pero lo más característico es su temática, que podemos dividir así:
• La naturaleza: se presenta en toda su grandiosidad, incapaz de ser dominada por el ser humano y se convierte en metáfora de un mundo en el cual no rigen las leyes racionales o la cultura europea. Frente a ello, el hombre ha de huir o integrarse, si no quiere resultar vencido. Esto dará lugar a la novela telúrica o novelas de la tierra.
• Los problemas políticos: la novela haya temas en la inestabilidad política del continente, en los dictadores, en la incesante sucesión de revoluciones. En este período destacan las Novelas de la revolución mejicana.
• Los problemas sociales: la novela denunciará las desigualdades sociales, la miseria e ignorancia de los indígenas, el poder de una oligarquía que explota, junto a las grandes potencias extranjeras, los recursos naturales. En el otro lado, la miseria y la ignorancia de los indígenas. Se habla así de una Novela indigenista.

De entre las numerosas novelas que surgen dentro de la novela realista, sobresalen tres títulos fundamentales: Doña Bárbara (1929), de Rómulo Gallegos; Don Segundo Sombras ( 1926) de Ricardo Güiraldes y La vorágine (1924) de José Eustasio Rivera.

3. La superación del Realismo (décadas del 40 y 50)

A partir de 1940 se observa un cansancio de la novela realista. Comienza un proceso de renovación que se traduce en lo siguiente:
• Se abandona el interés mayoritario por los espacios geográficos rurales y naturales; su lugar lo ocupa el paisaje urbano.
• Se mantienen los temas sociales, pero aparecen también problemas existenciales.
• Irrumpe la imaginación, lo fantástico. Pronto se hablará de realismo mágico concepto que define la íntima convivencia en la novela de la realidad y la fantasía. El realismo mágico busca descubrir que la apariencia es una envoltura de otras presencias más profundas y asombrosas. Por su parte, el escritor cubano Alejo Carpentier acuña en concepto de lo real maravilloso: es la propia realidad latinoamericana (su naturaleza, su historia) la que contiene una fuente inagotable de sorpresas. América se convierte en un territorio mágico que debe ser novelado.
• En el terreno estético, se notará un mayor cuidado constructivo y estilístico. Los autores atienden a las innovaciones formales aportadas por los grandes novelistas europeos y norteamericanos (Kafka, Faulkner...).También asimilan los elementos irracionales y oníricos procedentes del Surrealismo.

Estos rasgos iniciados en los años 40, se prolongarán durante los decenios siguientes en la obra de nuevos novelistas. Pero debemos destacar a cuatro figuras que cada uno a su modo, se yerguen como auténticos pioneros de la renovación narrativa. Nos referimos a Jorge L. Borges, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier y a Juan Rulfo.

• Miguel Angel Asturias (Guatemala 1889-1974). Destaca su novela El Señor presidente (1946), inspirada en la vida del dictador guatemalteco Estrada Cabrera, inscrita en la tradición de la novela sobre dictadores y narrada con una técnica expresionista y hasta onírica que debe mucho a las vanguardias europeas.
• Alejo Carpentier (Cuba 1904-1980) es uno de los máximos maestros de la prosa castellana, por la riqueza y perfección de su estilo. En su producción destacan dos obras: Los pasos perdidos (1953) y El siglo de las luces (1962). La primera cuenta la huida de una civilización vacía hacia la autenticidad del mundo primitivo; la segunda encierra un compleja y profunda reflexión sobre la revolución.
• Juan Rulfo (México 1918- ) ofrece con su novela Pedro Páramo (1955) novedades que la convierten en punto de referencia de la nueva narrativa: estructura fragmentaria, desorden temporal, complejidad de planos narrativos e interrelación de historias. La novedad de esta novela reside en el tratamiento del tiempo, con el que se logra crear un mundo en el que se confunden lo real y lo imaginario. Las atmósferas densas, las tensiones atávicas y el destino trágico se muestran en su libro de relatos El llano en llamas (1953).
• Jorge Luis Borges (Argentina) destaca por sus libros de cuentos, especialmente los recogidos en Ficciones (1944) y El Aleph (1949). Sus cuentos se caracterizan por nos ponente en contacto con lo excepcional, lo insólito. Nos proponen juegos mentales, nos invitan a ejercicios de imaginación y nos colocan ante problemas metafísicos. Sus temas son el tiempo, la identidad humana, la eternidad y lo infinito, el destino del hombre, el mundo como laberinto.
4. El Boom de la novela hispanoamericana

El auge definitivo de la novela hispanoamericana suele circunscribirse a la década de los años sesenta, durante la cual se produce el llamado boom o, lo que es lo mismo, el definitivo reconocimiento internacional y la renovación de la novela hispánica en su conjunto.
Este hecho fue el resultado de unos factores:
• Literarios: la coincidencia en esta década de unos narradores y obras de extraordinaria calidad.
• Extraliterarios: la promoción publicitaria que le granjeó la industria editorial española.

Los nuevos novelistas hispanoamericanos continuaban en la línea de las innovaciones de sus antecesores, de modo que la frontera entre algunos de aquellos autores y éstos puede parecer arbitraria. Señalaremos algunas características de esta novela:
• Se confirma la ampliación temática, con mayor incremento de la novela urbana.
• Se consolida la integración de lo fantástico y lo real. El realismo mágico es uno de los principales rasgos de los nuevos novelistas (Cortázar, García Márquez...)
• Con mucha frecuencia se rechaza la moral burguesa dominante y ciertos hábitos de comportamientos sociales.
• Se continúa a renovación de las técnicas narrativas: ruptura de la línea argumental, cambios del punto de vista, combinación de las personas narrativas, monólogo interior, etc.
• La experimentación afecta al lenguaje, con la superposición de estilos, con distorsiones sintácticas y léxicas.

Nos ocuparemos de algunos de los novelistas más destacados, y en especial de la obra de Gabriel García Márquez.
• Ernesto Sábato pasa por ser un novelista intelectual, tanto por el rigor de construcción de sus textos como por la densidad de problemas que suscitan. Su novela El túnel (1948) es una novela breve de amor y locura, que pone al descubierto el problema de la incomunicación y la angustia vital. Otra novela suya, Sobre héroes y tumbas (1961) constituye una apocalíptica visión del mundo.
• Julio Cortázar (Argentina) Se reveló como un inteligente cultivador del cuento fantástico: Bestiario (1951; Las armas secretas (1959). Pero es con su novela Rayuela (1961) donde sorprende por su complejidad estilística y su singular composición que permite al lector varios modos de seguir la lectura.
• Carlos Fuentes (México). Es un escritor de sólida formación intelectual y un crítico implacable de la burguesía. Su novela La muerte de Artemio Cruz (1962) se reconstruye la vida de un hombre poderoso que está agonizando. Para ello recurre a saltos en el tiempo, a la combinación de puntos de vista y al uso de distintas personas narrativas.
• Mario Vargas Llosa (Perú). Alcanzó ya la más alta consideración de la crítica con su primera novela, La ciudad y los perros (1962). En un ambiente cerrado, un opresivo colegio militar, el autor parece compendiar toda la corrupción y la violencia del mundo actual. Pantaleón y las visitadoras (1973) es una sátira de la institución militar, a través de su protagonista, encargado de organizar un servicio de prostitutas (visitadoras) para aliviar la soledad de los destacamentos de la selva amazónica. La complejidad técnica de la obra no disminuye la intensa impresión de realidad.
• Augusto Roa Bastos (Paraguay). Autor de dos novelas imprescindibles Yo, el supremo (1984) que novela el delirio del dictador “perpetuo” paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia e Hijo de hombre (1969), epopeya sobre la dignidad indígena ambientada en la terrible Guerra del Chaco (1932-1935) que enfrentó a Paraguay con Bolivia por la delimitación de fronteras.

5. Gabriel García Márquez: Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada.

Con su novela Cien años de soledad (1967) se sitúa en la primera línea del boom. Este gran fabulador ya había publicado novelas cortas y cuentos de 1955 a 1962: La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, Los funerales de Mamá grande... Eran espléndidos relatos que giraban en torno al imaginario pueblo de Macondo.
La vida de ese pueblo -real y mítico- toma cuerpo en una gran novela: Cien años de soledad. Los variados episodios de la novela cuentan la historia de una familia- Los Buendía- y del mundo que les rodea. La obra es una grandiosa síntesis de todos los elementos que se han dado en la narrativa hispanoamericana: la naturaleza, los problemas sociales y políticos, las realidades humanas más elementales. Todo ello traspasado por fuerzas sobrenaturales y por un humor que alterna con lo trágico.
La crítica ha visto en esta novela una parábola de la historia y la idiosincrasia particular de Colombia y sus habitantes, e incluso de la realidad histórico-social hispanoamericana y aun de la universal humana. Macondo, que comienza siendo un pequeña sociedad comunitaria, atravesará todas las vicisitudes de Colombia a lo largo de un siglo. Allí llega la ruina cuando una compañía bananera, que había llevado al pueblo a un aparente esplendor, lo abandona y quedan las secuelas de una sangrienta represión política.
Aunque el tiempo de la novela es aparentemente lineal, en realidad adquiere una estructura circular. El punto de vista del narrador es también aparentemente omnisciente; sin embargo cuando se describe la existencia de unos manuscritos que recogen la historia de Macondo, se revela que todo el relato está realizado desde la perspectiva del personaje de Melquíades.
En Crónica de una muerte anunciada (1981) García Márquez narra la muerte de Santiago Nasar, joven de ascendencia árabe. Los asesinos son los hermanos Vicario –Pedro y Pablo. El motivo, vengar el honor de su hermana, Ángela, que es devuelta la noche de bodas a la casa de sus padres por su marido, Bayardo San Román. Lo sorprendente del caso es su aire de tragedia bufa: todo el pueblo conocía las intenciones de los hermanos Vicario, ellos mismos no intentan ocultarse, quizá con el propósito de que alguien los detenga. Nadie hace nada y el pueblo asiste pasivo a la consumación de la tragedia. En ningún momento se demuestra la responsabilidad de Nasar en la pérdida de la Virginidad de Ángela. La peripecia se desarrolla con el trasfondo de las celebraciones de la boda de Ángela Vicario mientras el pueblo espera al amanecer el paso efímero del obispo en un vapor fantasmal que ni siquiera ha de detenerse en el pueblo.
Contraviniendo las normas del suspense, el autor arranca la novela con la anticipación de la muerte de Santiago. A continuación, se despliega la trama a base de analepsis (rememoración de sucesos anteriores a la muerte) o prolepsis (exploración de acontecimientos posteriores) y así conocemos el origen y la suerte ulterior de los personajes principales.

La obra recrea alguno de los elementos de la tragedia clásica. El pueblo ejerce como un coro pasivo ante la tragedia y el protagonista sucumbe trágicamente ante su destino. Sin embargo, Santiago carece de la grandeza de los héroes clásicos (Edipo, Antígona...); desconocedor de su destino, ni siquiera tiene oportunidad de enfrentarse a aquel.

El narrador que un tiempo después trata de reconstruir los hechos es hermano de Margot, amigo como ella del protagonista, e hijo de Luisa Santiago. De esta última se dice en la obra que Santiago Nasar es su ahijado. El intento del narrador por interpretar racionalmente lo sucedido será imposible:
Durante años no pudimos hablar de otra cosa. Nuestra conducta diaria, dominada hasta entonces por tantos hábitos lineales había empezado a girar de golpe en torno a una misma ansiedad común. Nos sorprendían los gallos al amanecer tratando de ordenar las numerosas casualidades encadenadas que habían hecho posible el absurdo, y era evidente que no lo hacíamos por un anhelo de esclarecer misterios, sino porque ninguno de nosotros podía seguir viviendo sin saber con exactitud cuál era el sitio y la misión que le había asignado la fatalidad.

Crónica de una muerte anunciada se presta a distintos niveles de interpretación:
• Refleja una sociedad sometida a una concepción atávica y tribal del honor y de la venganza.
• La tragedia individual de Santiago Nasar podría elevarse a parábola de la historia trágica de Colombia, un país que se desangra por la violencia en medio de la pasividad y del fatalismo de los agentes de la historia (simbolizados en la obra por el pueblo, las autoridades y la iglesia).
• La peripecia del protagonista nos interroga sobre el destino trágico y absurdo de los seres humanos. Nos plantea una existencia donde no existe ni una finalidad, ni unas causas racionales de los acontecimientos; todo queda reducido a una mera sucesión de casualidades. Cualquier intento por comprender –como el del narrador- acabará revelando la esencia absurda de la vida.

Otras obras posteriores son: El otoño del patriarca (1975), El amor en los tiempos del cólera (1985). Más recientemente ha publicado el primer tomo de sus memorias Vivir para contarlo (2002) y una novela breve Historia de mis putas tristes (2004).
6. La novela hispanoamericana a partir de los 70.

En primer lugar hay que decir que continúan publicando las figuras consagradas y también aquellos autores no llegaron a tener el reconocimiento de los que disfrutaron con el Boom. Por otra parte, asistimos también al fenómeno del exilio de bastantes creadores por motivos políticos y económicos.
Aunque son numerosas las tendencias que surgen en estas últimas décadas, casi todas los temas y aspectos formales de los años anteriores continúan vigentes. Pero quizá sea uno de los rasgos más destacados el abandono de las complicadas estructuras narrativas para dar lugar a una novela de más fácil acceso, menos exigente con el lector. También se incorpora masivamente el habla coloquial y el interés por dejar constancia de las vicisitudes de una experiencia próxima, se familiar, grupal, nacional o personal. Podemos citar algunos autores y obras, dentro de una amplia nómina:
• Argentina: Ricardo Piglia, Respiración artificial, Plata quemada; Juan José Saer, El entenado.
• Colombia: Fernando Vallejo, La virgen de los sicarios.
• Chile: Isabel Allende, La casa de los espíritus (1982); Antonio Skármeta, El cartero de Neruda (1985); Luis Sepúlveda El viejo que leía novelas de amor.; R. Bolaño: Los detectives salvajes.
• México: Sergio Pitol; Laura Esquivel, Como agua para el chocolate (1985).
• Nicaragua: Sergio Ramírez, Margarita, está linda la mar.
• Perú: A. Bryce Echenique La vida exagerada de Martín Romaña ( 1985); Santiago Rocangliolo: Abril rojo (2006)